Make your own free website on Tripod.com

CONTENIDO

Portada
I - Orígenes y fundación
II - Pasajes históricos del siglo XIX
III - 1887 - El año terrible de los compontes
IV - 1898 - La Guerra Hispanoamericana
V - Educación antes de 1898

APENDICES

Pizarra de Mensajes - Adjuntas y los adjunteños
Galería Fotográfica
Himno, bandera y escudo
Lista de alcaldes
Especies en peligro de extinción
Enlaces - Adjuntas en el Internet
Mapas históricos


Capitán Angel Rivero Méndez


General Nelson A. Miles

IV - 1898 - Adjuntas en la Guerra Hispanoamericana

MOVIMIENTO SEPARATISTA

Un movimiento separatista cobró auge en Puerto Rico durante la segunda mitad del siglo XIX. A fines del siglo , y tras cuatro siglos de deprimente coloniaje, España le concedía a Puerto Rico un gobierno más autónomo que el que tenía. La Carta Autonómica del 1897 estableció un gobierno semi autónomo, con ciertos poderes en el quehacer socioeconómico de la Isla. Un mes después de haber sido instituído el nuevo gobierno, Puerto Rico vivió uno de los más significativos momentos de su historia: la invasión y ocupación por Estados Unidos durante la Guerra Hispano Americana del 1898.

Antes de la invasión, grupos separatistas que abogaban la independencia total fueron organizados en varios puntos del país, incluyendo la región entre los municipios de Arecibo y Ponce. Uno de estos grupos bajo el nombre de "Gabinete de Lectura de Utuado" fue organizado en ese municipio vecino, y a pesar de que fue disuelto poco después de iniciado, el ideal separatista de sus miembros continuó arraigado.

Cuando se proyectaba por parte de los revolucionarios cubanos ayudar a los autonomistas puertorriqueños a conseguir sus sueños, invadiendo por el oeste isleño, un grupo de separatistas intensificaba su propaganda en la región central con el propósito de que se interrumpiera el paso en la línea Arecibo a Ponce a las tropas españolas concentradas en la capital. Integraban estos grupos, separatistas de Utuado, Lares, Arecibo, Ciales, Coamo, Yauco, Peñuelas, Ponce y Adjuntas.

En junio de 1898, el grupo de utuadeños, junto a otros isleños, proclamaron la preparación bélica. No pasó mucho tiempo sin que fueran arrestados, en muchos casos sin pruebas de hechos, como alegadamente fue el caso de Don Julio Tomás Martínez, historiador utuadeño. Sin embargo, la propaganda contra España continuaría.

Puerto Rico también contaba con los defensores de la unión con España. Cuando en Utuado se enteraron de que España había triunfado con su navíos en las Filipinas, en el mes de mayo, muchos se tiraron a las calles a gritar vivas a España y a sus soldados, siendo arengados por oradores y poetas, según escribiría más tarde el propio Martínez.

El Capitán Angel Rivero Méndez, quien vivió el momento de la guerra, documentó para la posteridad los momentos históricos que atravesó la Isla en 1898, con su libro "Crónicas de la Guerra Hispanoamericana en Puerto Rico", que sirvió como fuente de información primaria para este escrito.

Entrado junio, las naves estadounidenses merodeaban las aguas costeras y Puerto Rico se preparaba para la inminente invasión. En la ciudad capital y en las ciudades costeras, tanto la milicia como la población civil hacía sus preparaciones pertinentes.

El 5 de junio y desde el pueblo de Adjuntas, el Capitán Rivero Méndez recibió una misiva que describió en sus crónicas, como muestra del ambiente que se respiraba en la Isla previo a la invasión. "Acabo de recibir una carta de Adjuntas; me dicen que este pueblo rebosa de turistas, que acuden de San Juan, sin duda, "temiendo al calor"; aquí tenemos 31 grados a la sombra, y en Adjuntas marca el termómetro 18 grados; hasta retretas tienen lugar en la bonita plaza de aquella población," escribió el Capitán.

Durante el mes de julio la exaltación, la vigilancia, el miedo, van cundiendo al pueblo y a los militares. En lugar de invadir cerca de la ciudad de Fajardo como se esperaba, el 25 de julio las tropas norteamericanas, comandadas por el General Nelson A. Miles, deciden desembarcar en la Bahía de Guánica, en la costa suroeste. Las tropas defensoras de España en el sur parecían estar mal preparadas y aquellos que no retrocedieron voluntariamente ante el paso de los invasores, fueron obligados a hacerlo.

Continúa en la próxima página.